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Las primeras noticias sobre la Raperie (denominación de origen francés) de Cortes nos las proporciona el Catastro. El 13 de junio de 1917, el encargado de la sección de estadística catastral de Cortes, enviaba al jefe de Estadística de la Diputación la siguiente comunicación: “Actualmente se encuentran en construcción en esta jurisdicción dos azucareras, las que según noticias trabajarán para la próxima campaña. Una de ellas, propiedad del Trust, se dedicará a la obtención de azúcar en líquido, el que por tubería lo conducirá a la fábrica de Alagón, en la otra obtendrá su fabricación el azúcar en sólido”.
La competencia tan fuerte que se desató en esta comarca por el dominio de la dulce raíz y las posibilidades económicas que presentaba nos explican que el objetivo de la SGAE y la Compañía EBRO fuese de montar dos fábricas en la misma localidad.
La SGAE podía utilizar raperies como auxiliares de otras azucareras en la obtención de azúcar, así surgieron la de Gallur y la “Nueva” de Zaragoza que dejaban de molturar como azucareras para enviar los jugos a sus centrales (la de Alagón y a la de Aragón, respectivamente). En este medio surgía la de Cortes cuyo “jugoducto” se tendía en dirección a Gallur.
La Raperie de Cortes, montada como tal, contaba con los departamentos que exclusivamente necesitaba para su cometido, es decir, los clásicos en este tipo de factorías: báscula de recepción de remolacha; silos de almacenamiento de dicha raíz; lavadero de remolacha; báscula y cortarraíces; difusión; encalado; y, finalmente, las bombas de impulsión del jugo encalado a la fábrica receptora.
Los inconvenientes de este tipo de factoría de extracción de jugos venían determinados por la infrautilización del escape de vapores de las máquinas, con lo cual una parte importante se evacuaba al exterior y se perdía, y del trabajo de las baterías de la difusión que, por su marcha lenta y desigual, se exponía a pérdidas muy significativas de azúcar. Pero, en el caso de Cortes, la mayor dificultad, al parecer, estribaba en la distancia tan enorme que había hasta la fábrica alagonesa, y el jugo en la tubería se iba enfriando y cristalizando lo cual creaba un grave problema de difícil solución para su fabricación. La trayectoria fugaz que tuvo nos indica que la viabilidad era problemática en aquellas condiciones.
La dependencia orgánica de la Azucarera de Alagón podía crear fricciones sobre el pago de impuestos, cuestiones administrativas o de otra índole con Navarra o, simplemente, intentar una reducción de la tarifas industriales, como fue el caso que citamos a continuación. Con fecha de 23 de diciembre de 1919, la Alcaldía de Cortes (Navarra) dirigía una carta al director de la Azucarera de Alagón -que era contestación a una petición de reducción de la contribución que había solicitado la SGAE denegando dicha solicitud de revisión catastral. Se constataba una negativa rotunda a revisar y bajar la contribución catastral que tenía que pagar la SGAE por su planta industrial en territorio navarro, a la vez que se justificaban los apartados y tarifas correspondientes.
a) La capacidad de molturación
Por otro lado, podemos verificar que en el Catastro de la Diputación Foral de Navarra de 1919, se recogía con respecto de Cortes, la ubicación de una fábrica azucarera (Raperie) que contaba con 14 difusores con una capacidad de 44.800 litros (correspondiendo a cada difusor 32 Hl.). El valor inmueble de dicho centro fabril se fijaba en 128.685 pesetas. Se declaraba al mismo tiempo que la fábrica tenía un grupo generador de energía (se le denominaba fábrica de electricidad) con un consumo de 1,10 kw. para el alumbrado, que tributaba aparte (208,56 ptas).
Las dificultades técnicas que se presentaron y los cambios de estrategia de la Sociedad precipitaron un cierre de la planta con gran rapidez. El 17 de noviembre de 1922181, se presentaba la declaración de baja en el padrón industrial de Cortes, no obstante, los años siguientes la planta aunque estaba cerrada tenía que abonar por el valor del inmueble la cantidad de 3.860,75 ptas.
Sobre esta planta en la Guía de Navarra de 1922-23 se decía lo iguiente: “Raperie de Cortes. Sita en Cortes. Tiene por objeto producir jugos que se envían a la Azucarera de Alagón, de cuya dirección depende. Fue construida en 1918. Molturaba unas 15.000 t. de remolacha. Dicho centro estaba encomendado a un capataz-contable. En las campañas de molturación daba trabajo a 150 obreros.
Con respecto a los graves conflictos que se desataron en noviembre de 1920, desembocando en una huelga general de obreros azucareros, la factoría de Cortes no estuvo exenta de este problema, aunque las noticias fragmentadas que nos han llegado no permiten discernir si hubo movimientos huelguísticos en el seno de la factoría, sí que estaban en paro como consecuencia de la paralización en la producción en Alagón. Así se deduce de un oficio de la alcaldía de Cortes enviado al Gobierno Civil de Pamplona, con fecha del 30 de noviembre, en el que la dirección de la Raperie publicó un bando anunciando a los operarios que funcionando la Azucarera de Alagón desde esta fecha a las diez de la noche, aquella (la Raperie) empezaría a trabajar a las diez horas del día siguiente miércoles (1 de diciembre).
b) Una trayectoria muy efímera
La existencia de esta factoría fue fugaz, ya que su actividad se redujo a tres o cuatro años solamente. Fue un paradigma de los tiempos: frenesí de la industria azucarera, innovaciones técnicas al límite (“jugoducto” superando los treinta kilómetros) y una competencia empresarial llevada al disparate. El resultado no se hizo esperar: la clausura de las actividades y el cierre en 1922 —como decíamos anteriormente—, poniendo fin a una existencia fabril muy corta. Parecida suerte siguió la Azucarera “La Regional” de la misma localidad, a pesar que prolongó su andadura hasta 1933.
Decenios después, el Consejo de Administración de la SGAE autorizaba al director de la Azucarera de Aragón la venta de la Raperie de Cortes con fecha del 30 de septiembre de 1968. Efectivamente, el contrato de compra-venta se llevó a cabo en Tudela (Navarra) el nueve de octubre de mil novecientos sesenta y ocho.
En representación de la SGAE estaba Florencio Torres de Miguel, director de la Azucarera de Aragón, y de la otra parte el comprador Pedro López Belastegui, vecino de Tudela, ambos con capacidad para otorgar el contrato de compra-venta. Que podemos resumir en los siguientes términos: la SGAE dueña de los edificios y solares que representaban la Raperie del término municipal de Cortes (Navarra) como constaba en las escrituras, con una superficie aproximada de 24.800 metros cuadrados y, también, una parcela al lado del Canal Imperial de 582 metros cuadrados, vendía a Pedro López por la cantidad de 650.000 pesetas al contado. Unas cláusulas terminaban de concretar la venta. De esta manera se terminaba la existencia de la Raperie de Cortes (creada medio siglo antes, desde 19 18-19); se pasaba una página más de la historia de la industria azucarera en Navarra y en el Valle del Ebro.
Fuentes:
La industria azucarera y el sector remolachero en Navarra.
Un siglo de historia.
Autor: José Antonio Gracia Guillén
®PMM
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